
Pasear a finales de agosto por el campo extremeño se muestra pletórico de frutos. Un breve paseo a los pies de la Sierra de Montánchez me descubre sus afamados higos, y también peras, patatas nuevas, tomates, remolachas, sandías. La bellota, aún verde, ya se encuentra crecida en el árbol en Cotonarro, donde los cochinos son vigilados con atenta paciencia por Sotero, que disfruta de la sombra imprescindible que aporta nuestra querida encina.
Extremadura, esa gran desconocida, es una tierra increíblemente rica en productos de la tierra.
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